
A finales de los años setenta, un cargamento de sintetizadores, órganos y cajas de ritmo llegó de forma inesperada a Cabo Verde.
La historia sobre cómo aparecieron esos instrumentos en el archipiélago tiene versiones distintas, pero el efecto fue el mismo: una generación entera de músicos caboverdianos empezó a mezclar sus géneros tradicionales con teclados eléctricos y un aire claramente cósmico.