
A finales de los setenta, Studio One llevaba ya dos décadas siendo el centro de gravedad del sonido jamaicano.
Coxsone Dodd, que había visto pasar por su estudio a media isla, empezó entonces a mirar hacia lo que estaba ocurriendo en Nueva York: el disco largo, las mezclas extendidas, la pista pensada para el sound system y para la pista de baile.